Bajo este concepto de belleza no comprendemos naturalmente la moral externa o incluso interna admitida en general, sino todo aquello que refina y enriquece el alma, también de forma intangible. Por eso, en la pintura todo color es bello, ya que cada color provoca una vibración anímica y toda vibración enriquece el alma. Por eso también todo lo que sea exteriormente feo puede ser interiormente bello, tanto en el arte como en la vida.
Nada es feo en su resultado interior, es decir en su efecto sobre el alma de los demás.