8 ago 2010

Salió de su casa sin mirarse al espejo con su caracteristico paso, cerro la puerta y miro al cielo. No las llegaba a ver bien, así que decidió moverse.
Empezó a alejarse, pero entonces empezaron a perseguirla; la ciudad estaba plagada de luciernagas que trepaban por sus piernas, la envolvían confeccionandole un pantalon ceñido y luminoso. Las pequeñas motas de luz seguian abrazandola y tapandola, algunas caian debido al paso ligero que llevaba.
Aun así ella, bajo el manto de luz, seguía alejandose de toda esperanza de regresar viva. Aquellas luciernagas empezaron a colarse por los poros, creandole heridas, abriendole la carne y desgarrandole los musculos. De todas maneras, no se quejaba, seguía caminando.Mordian rapidamente sus huesos hasta desgastarlos y se reproducian y multiplicaban gobernando todo su cuerpo.Cuando se alejó lo suficiente de la ciudad, estando en campo abierto, miro al infinito para contemplarlas.

Al abrir los ojos, la joven quedo ciega.

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